La caries es una enfermedad que afecta a los dientes y se caracteriza por la destrucción de sus tejidos al verse afectados por los ácidos que genera la placa bacteriana. La destrucción progresiva de los componentes de los dientes está directamente ligada a la ingesta de azúcar y productos ácidos (como los que abundan en refrescos y alimentos procesados). La caries, de todas maneras, también puede tener origen en hábitos de higiene dental incorrectos o poco frecuentes. En la génesis de la caries también influyen diversos componentes genéticos y el pH de la saliva de la persona.

En el desarrollo de caries intervienen distintos aspectos como la anatomía dental de cada persona, el tiempo que transcurre entre los distintos cepillados, los alimentos que más predominan en su dieta (proporción de azúcares, hidratos de carbono y alimentos ácidos) y la población de bacterias a nivel bucal. En lo que refiere a los alimentos, por ejemplo, actualmente se sabe que los alimentos con un pH inferior a 7 (ácidos) producen de forma indefectible la desmineralización del esmalte protector que cubre a todas las piezas dentales. Las bacterias que se presentan con mayor frecuencia en los casos de caries son la Streptococcus sanguis, Streptococcus mutans, Actinomyces y Lactobacillus acidophilus.

Para mejorar la prevención de la caries es necesario actuar sobre una protección externa, reducir las condiciones propicias para la proliferación de bacterias nocivas y eliminar la placa bacteriana de la boca que se haya acumulado. Es importante hacer llevar un control consisten de la dieta (reducir la cantidad de azúcar que se consume a diario), aplicar pastas de dientes de calidad, utilizar cepillo de dientes (con una técnica adecuada), emplear hilo dental y visitar al odontólogo un mínimo de dos veces al año.

 

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