El sarro es una condición bastante problemática para todo tipo de personas que, además de ser incómodo desde el punto de vista estético, puede generar diferentes problemas dentales más o menos graves. La acumulación de sarro en los dientes está asociada a los niveles de placa bacteriana en las distintas piezas dentales. Estos depósitos de sarro pueden estar concentrados en uno solo o en varios de los dientes.

Es importante tratar el sarro a tiempo porque puede dar origen a problemas de encías sangrantes, mal aliento, inflamación de las encías y en los casos más graves pérdida de piezas dentales enteras. La composición química del sarro incluye restos de comidas, sales minerales, depósitos bacterianos y desechos celulares. La acumulación de sarro en los dientes suele concentrarse especialmente en la parte interna de las piezas dentales. En algunos casos, el sarro que se acumula en los dientes puede estar asociado a distintas condiciones gastrointestinales. El reflujo gástrico, por ejemplo, puede elevar los niveles de acidez en la boca y generar el deterioro de las piezas dentales y las condiciones iniciales para que se empiece a acumular sarro. En estos casos lo mejor es elegir solamente los alimentos que no tengan efectos de reflujo (también hay que cuidar cómo se combinan los alimentos en cada una de las comidas, para evitar digestiones pesadas).

 

Para evitar todas las complicaciones que podrían tener lugar por la acumulación de sarro en los dientes lo más recomendable es cepillarse los dientes todos los días, utilizar enjuagues bucales y adoptar la costumbre de usar hilo dental de forma cotidiana (al menos en uno de los cepillados). También hay que recordar reemplazar el cepillo de dientes cada dos o tres meses y hacer visitas al odontólogo dos veces al año.

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